Tengo todo el baile a partir de una piedra, un espacio, dos o veinte círculos sobre el agua. Tengo el derecho del movimiento agolpando su necesidad de unir la frontera entre el cielo y la tierra.
Luego, escribiré esto mismo con el verbo ser. Más tarde, con el sustantivo del sueño pasando a la acción.
Tengo una garantía del peso del aire cuando decida amanecer inmóvil: ya tengo, ya soy el baile.
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