Y en Roma está el hastío
pero también el hartazgo la fuente
Trevi otra volta para noi
la moneda echada a la suerte de
Bizancio
y un cortaplumas que sesga el aire.
Lo envuelve
lo mantiene
lo detiene
lo engulle
lo expulsa como llamarada
y se nombra a sí mismo dios y hombre
pan de masa que no caduca ni duerme
ni deja soñar
pero es que ay, hombre tibio,
tus ojos endulzan las nubes.
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